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Un capo celebra los quince años de su hija

Caracas, 30 de abril del 2017. - El día en que Alicia cumplió quince años lucía un largo vestido color rosa, desde los asientos del costoso espacio de celebración, familia y amigos la observaban con miradas disfrazadas de buenas intenciones, mientras que Alicia era exhibida por sus padres como muestra de las grandes sumas de dinero que los negocios de narcotráfico le ha dado a su familia.

Ambientando la típica fiesta latina, la compañía teatral colombiana La Maldita Vanidad Teatro presentó sobre las tablas de la Casona Anauco su obra Como quieres que te quiera, una pieza escrita y dirigida por el medellinense Jorge Hugo Marín, donde la ostentosidad de una familia recién adinerada, gracias a negocios ilícitos, aprovecha la ocasión como excusa para demostrar ante un nuevo círculo social su actual capacidad económica, integrado por traficantes y personalidades de la mafia.

Todo sobre el escenario recreó la tradicional decoración quinceañera. Con vestidos, flores y corona, el personaje principal de esta historia, interpretado por  Juanita Cetina, transmite el sentimiento de inconformidad e inquietud que experimenta, mientras los diálogos de los ocho personajes en escena van revelando un matiz de conflicto y violencia que cae sobre toda familia de líderes del narcotráfico.

Pese a que el tema de carteles y estupefacientes se repite constantemente en los temas que toca todo material fílmico o escénico colombiano, Como quieres que te quiera regala la oportunidad de conocer la historia desde la cercanía e intimidad del espacio familiar, de una manera profunda y amena.

El texto de la historia desprende un humor negro, que los actores supieron expresar con dominio y credibilidad, la narrativa jugó con la intriga, el desacuerdo, la desconfianza y el peligro que rodea a los allegados de un narcotraficante. 

Como parte de un segundo acto, Maldita Vanidad Teatro trae al Festival de la tablas una segunda pieza que precede a Como quieres que te quiera.

Morir de amor, segundo acto inevitable: morir

El dolor es fuerte y le quema la garganta, similar a la sensación que experimenta con cada trago amargo de licor que contiene la barata botella, sus dedos se aferran a ella y sus rodillas tiemblan, como si tuviesen un recuerdo propio de los días en que se flexionaron para patear al joven que ahora descansa dentro del féretro. Un profundo sentimiento de dolor y pérdida es todo lo que Gladys puede experimentar, mira el cadáver de su hijo y se pregunta cuántas veces sus acciones contribuyeron al terrible desenlace.

Los hermanos del difunto visitan de rato a rato el improvisado velatorio que el escaso dinero los llevó a idear. Para esto, la sombría sala de la casa, llena de muebles antiguos y recuerdos familiares, fue el lugar indicado, todo el que entra observa desde la puerta, amigos y conocidos rezan una plegaria por el alma del cadáver,  y el público desde el rincón imperceptible mira como intruso las intimidades de la desgraciada familia.

La agrupación colombiana Maldita Vanidad trajo al pequeño salón Casa Martí, una pieza cargada de arrepentimiento y humor mordaz, donde seis personajes enfrentan la muerte de un ser querido, refugiándose en el arrepentimiento y la resignación.

El minúsculo espacio fue el lugar propicio para que la obra Morir de amor, segundo acto inevitable: morir, recrea la historia de una tragedia familiar, que al principio muestra toques de comedia en sus diálogos para luego revelar matices de un trágico drama.

El director Jorge Hugo Marin, se valió del pequeño lugar para presentar de forma brillante la pequeña casa. No hizo falta luces ostentosas ni un gran escenario, el estrecho lugar convino con el contexto y el público formó parte de la opinión ausente de un crítico y espectador.

Los intérpretes no utilizaron los típicos métodos del teatro, no intercambiaron miradas con la audiencia, no repitieron su texto mirando a uno de ellos, ni tampoco se preocuparon en relatar toda la trama dentro de la habitación. El montaje proyectó la ilusión de público ausente, de mirada intrusa, cuando en el  desarrollo de la historia daban la espalda a la audiencia y hablaban en imperceptibles susurros.

Sentados sobre gradas improvisadas al fondo del pequeño salón, el público se mantuvo interesado por la historia también escrita por Jorge Hugo Marin, que concentró humor, abuso, arrepentimiento e indiferencia.

Maldita Vanidad encabeza por los actores Carmenza Cossio, Juanita Cetina, Daniel Diaza,  Miguel Gonzáles,  Erick Joel Rodríguez, Juan Pablo Acosta, Juan Pablo Urrego, Fernando de la Pava, presentó su segundo acto el día de hoy 30 de abril, los espacios de la Casona Anauco fue el lugar destinado para que la agrupación colombiana cautivara al público caraqueño con dos montajes. 

Texto: Maria José Ramirez / Foto: Brayan Justiniano.